Desde hace un año, coincidiendo con el estreno de mi obra Opening, de la que os hablaré dentro de poco en otra entrada, me dio por pintar. No es una actividad que surgiera de la nada. Opening es una reflexión sobre el arte y a dónde va, y qué sucede cuando un movimiento artístico se agota (algo que probablemente está pasando desde hace años).

He pasado del acrílico al óleo y vuelta atrás. De cuando en cuando me entretengo con pasteles grasos, pero, casi siempre, empiezo a pintar poniendo música.

Seguro que hay una explicación neuropsicológica sorprendente, como casi todo lo que tiene que ver con la neuropsicología, que describa a la perfección que le sucede al cerebro cuando escucha música; por qué las ondas cambian y nos permiten conectar con la imaginación, la memoria, la creatividad… Por cierto que estoy leyendo a Antonio Damasio, En busca de Spinoza (Ed. Destino), que os recomiento fervientemente si os interesa el tema.

goldberg

A mí me pone Bach, y Scriabin, y Satie, y Monk, y Miles Davis, y…

Sin duda, para escuchar a Bach, no hay nada como Glenn Gould. Y sin duda, las Variaciones Goldberg, son un icono para los amantes del piano y del propio tío Johann Sebastian. Aparte del compendio germánico de hijos y nombres compuestos que el compositor alemán nos legó, Glenn Gould ha hecho más por entender a Bach que muchos teóricos de la música. Y todo con esos característicos susurros melódicos que se pueden entre-escuchar en sus grabaciones.

Hablando de grabaciones con una ex-alumna mía, concertista de piano, ésta me hizo notar que Glenn Gould realizó dos grabaciones diferentes de las Variaciones Goldberg, una en su juventud (1955) y otra en su madurez (1981). Ninguna tiene desperdicio, pero, no sé si por mi edad (ya estoy en los 40), o por la suya, la segunda es mi favorita. Merece la pena escuchar ambas y sus diferentes matices de interpretación. Yo lo hice pintando y este es el resultado.

Variaciones Goldberg, pastel graso sobre papel (32 x 23 cm)