Ya va a hacer unos cuantos añitos desde que conocí a la persona de la que más he aprendido en este oficio del teatro. Salía yo de hacer una función con Impromadrid en la que todo mi cometido consistía en subir y bajar del techo una bola al ritmo del La la la de Massiel (de Serrat, para ser preciso) donde se introducían y sacaban los títulos que el público había escrito para los improvisadores.

Esta labor, imprescindible para el espectáculo estaba destinada a aquellos que por aquel entonces estábamos empezando a improvisar, y desde mi humilde oficio de “bolero” aprendí mucha impro viendo improvisar. Como no, la función terminó en el bar de al lado en el que hablé por primera vez con Fabio Mangolini.

Muchas grandes aventuras teatrales empiezan en un bar. Yo era un joven inseguro y él un maestro de la commedia dell’arte, y a la segunda ronda, ya me había convencido para apuntarme a un curso que aún hoy impartimos juntos en Italia sobre este tipo de teatro. Ahora somos como hermanos.

Unos cuantos bares después, algunos de los alumnos de ese curso, fundamos la compañía I Fulminati Teatro. A mi amiga Roberta (italiana) es un nombre que le espanta porque dice que fulminat-i es plural y tea-tro es singular…

Han pasado muchos locos (fulminati) y locas (fulminate) por este proyecto y sigo utilizando el nombres en las creaciones que hago.

El Basilisco Enamorado (2007), La Rueda del Juicio (2009), JOB! (2013), Mentira Cochina (2014), Opening (2016), Cardiopatías (2016)

Echadle un ojo a la web para ir abriendo boca.

 

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