Mientras el frigorífico de mi casa hace un ruido extraño, como de automóvil antiguo al ralentí, he traducido a música el poema Planeta X de mi entrada anterior. Está grabado sin trampa ni cartón según lo he terminado. Así son las primeras versiones de las cosas con todas sus virtudes y defectos. Al fin y al cabo este blog tiene como propósito mostrar procesos de creación tal cual son, surgen y crecen (esto es parte de algo que aún no está terminado)…

Perdónenme los músicos expertos.

 

Así ha quedado la letra:

Si me eligieran para hacer un viaje espacial a otro planeta.
Digamos el Planeta X, puede ser un buen destino para un poeta.
Sin duda haría experimentos muy diferentes a los que platea la NASA:
Buscaría en el nuevo firmamento constelaciones que no dibujé en casa.
Tocaría el oboe, por fin, con un aire distinto al de La Tierra.
Dormiría para soñar un sueño no evocado por el ruido de la guerra.
Daría un beso a una equisiana para ver si suena igual el amor en el Planeta X.
Lloraría al ver atardecer para saber de dónde vienen los cometas.
Trataría de hacer vino y cerveza
con denominación de origen X controlada.
Anotaría muy despacio todo lo que siento
para ver si he cambiado yo o el firmamento.
Es parte del estudio científico que haría,
probablemente eso decepcionaría
a toda la humanidad,
a la NASA y la CIA
a la hora de buscar
astronautas para ir a X.

Podéis compartir el enlace por ahí si os gusta, aunque reconozco que lo de exponerme musicalmente siempre me ha resultado mucho más duro que lo teatral. Recuerdo los exámenes del conservatorio de música con auténtico pánico, como si de repente, no supiera tocar una sola nota de las que había estudiado. En la soledad de mi casa, tocar el piano, cantar, tocar la guitarra, inventar melodías, aprender acordes raros… Todo era un placer y lo sigue siendo. En privado, claro.

Añado un dibujo de esos que uno hace para soñar con otros universos paralelos.