La lengua
se me está quedando vacía.

Como si fuera un hueco en el hueco de mi boca.
Como un molusco ajeno en una concha humana.
Como un parásito herido.

Mi saliva osmotiza sus recuerdos de uno en uno,
como aquel en el que mi lengua caminaba por el surco arado de tu pecho,
…el de cada sal que recogió en tu cueva,
…el de tanta impaciencia amurallada en tu ropa,
…el de su última metáfora de la lejanía,
…el del sueño eterno cotidiano,
…el de tantas enumeraciones sin sentido.

Es el único órgano que poseo
que piensa que no soy nihilista
porque sigue danzando en la soledad de mi cuarto,
regando con proverbios, profecías y algas
el mar muerto de mis salmos.

Es inculta porque elige no más de cien palabras,
pero se mueve,
sabiamente se mueve,
conservando el ritmo que le regaló tu carne.

Si la arrancara de cuajo, como la de los traidores,
y la clavara en el porche para espantar la esperanza,
me cabría más alcohol en cada trago,
dejaría de subir el mont real en cada orgasmo
y no susurraría tu nombre cada noche.