Agosto de 2016… no hay vacaciones, ni trabajo, ni liquidez…

Hay un sofá, muchos libros y unas olimpiadas, y telediarios…

Y uno piensa… no tiene remedio lo de pensar, si “uno” pertenece a esa especie de mamífero primate denominado “sapiens” que, se supone, se caracteriza por eso, por pensar. Uno… piensa cosas como…

Como que perseguimos animales virtuales fabricados tecnológicamente, como un juego carente de las principales reglas del juego, en lugar de observar otros seres reales…. o imaginarios, de los que tenemos mucho que aprender sobre nosotros mismos.

Como que la empatía, uno de nuestros mayores logros evolutivos, se diluye gracias al exceso de información inútil proporcionado por los medios, las redes y nosotros mismos, inmunizándonos contra un “catarro social” de muertes, pateras, campos de refugiados y guerras que sólo nos importan un ratito, pero que se nos pasa en una semana.

Como que las luchas que pueden salvarnos, como el feminismo (sí, el feminismo ¿nadie se ha dado cuenta de lo que está pasando?) o la igualdad se convierten en banderas mediáticas de los que nunca han hecho gran cosa por profundizar en su significado.

Como que la política ya no es política, sino economía. Macro y micro economía feroz y singular. Sólo hay una fórmula, un sistema que se maldenomina “crecimiento” olvidando las múltiples facetas y posibilidades de crecer que tiene un minisapiens de cinco, diez, veinte, treinta o cuarenta años para que dentro de cinco, diez, veinte, treinta o cuarenta años no hayamos acabado con todo.

Como que un bosque no merezca el mismo respeto que un ser vivo, cuando es más que un ser vivo. Hogueras medievales, fuego, estupidez y negocio por encima de cientos de años de naturaleza y sus reglas, siempre dentro de lo que es posible y sostenible.

Como que una superpoblación en una playa sea motivo de alegría para el turismo y una opción insostenible y denigrante para una población y sus ciudadanos. Venecia, Magaluf o Sagunto, me da igual el nombre y entiéndase playa en sentido amplio, los límites y las consecuencias no improtan si podemos ganar más dinero.

Como personalizar y distorsionar premeditadamente los ejemplos de superación de algunos atletas para crear supermitos, superhéroes y superheroínas soslayando la cuestión de que la mayoría de la gente no tiene esas capacidades atléticas, y sus problemas normales son alimentar a su familia, no ser más grandes y batir récords mundiales. La competitividad es mucho más televisiva que la cooperación.

Los párrafos de esta enumeración serían interminables…

La banalidad es el arma más poderosa contra el cambio. Hagamos banal todo lo que hacemos y estaremos acabados, extintos. Hay mil ejemplos a nuestro alrededor… Música banal, teatro banal, reuniones banales, acuerdos banales, gatitos simpáticos, selfies, videos en directo, memes, modas… Son arietes….

Hagamos banal un bombardeo, un blanqueo, una corruptela, una subida de los tipos de interés…

Y después…

Hagamos banal la soledad, la filosofía, el feminismo, la belleza…

Hagámonos una especie banal, que se crea mejor que el dinosaurio porque ahora está aquí y él no, aunque su época durase 50 millones de años y la nuestra apenas 2. Cuanto más banales seamos, más seguros estaremos de que nadie buscará nuestros fósiles mañana.