Este texto nació huérfano hace casi dos años y fue adoptado por otras historias mías. Ahora pertenece a Cardiopatías, obra que estrené en mayo de este año 2016 y de la que espero poder contaros muchas más cosas.

 

ANATOMÍA DE UN CORAZÓN

Anatomía de un corazón.
Cuatro cavidades.
Dos aurículas. Aurículas, de orejas. Relativo a las orejas. Por la forma.
Auricular. Se utiliza para escuchar música. Música que conmueve el corazón.
Dos ventrículos. No ventrílocuos. No hablan. No hablan por boca de nadie. De nadie.
Ventrículos. De vientre. Nuestro primer hogar. Del que fuimos desahuciados.
Vientre, vientre, vientre.
Tenemos tres vientres.
El vientre, propiamente dicho. Y dos ventrículos. Más pequeños. Insuficientes para albergar a cualquier ser humano. A pesar de que ese ser humano, cuando empieza a ser humano es muy pequeño. Pequeño y frágil.
Cuatro cavidades musculosas. De músculo. Fuerte, rotundo, involuntario.
Involuntario, o sea, se mueve. Se mueve, aunque no quieras, se mueve.
Incluso muerto, o dormido como Hamlet, se mueve.
Dos válvulas. Como las de los coches. O las de los transistores que trasmiten, emiten, reciben.
Dos válvulas. De etimología intrascendente. Intrascendente, como tantas cosas.
Mitral y tricúspide.
Llamadas así por su forma.
Mitral. Forma de mitra. Sombrero sagrado de algunos líderes religiosos.
Como si algo de Dios quisiera estar guardado en el corazón. Por muy ateo que uno sea.
No un dios, ni siquiera su representante. El sombrero de su representante.
Guardado en el corazón.
Vigilando el paso entre la música recibida por el auricular y el vientre imposible de ser fecundado.
Tricúspide. Tres cúspides. Cúspides, cimas. Cima, punta de una montaña.
Estar en la cima. Llegar a la cima. Alcanzar la cima.
Tres cúspides. Tres cimas. Tres retos a alcanzar.
Uno, dos y tres.
Tres cumbres para llegar de una oreja a un vientre.
Tres objetivos que salvar en cada latido, en cada bocanada de aire que nos llena de oxígeno.
Oxígeno y Dióxido de carbono.
Y sangre que pasa. Constantemente.
¿Es posible? Lo pregunto totalmente en serio.
¿Es acaso posible?
¿Existe acaso una remota posibilidad de que en algún momento, en algún latido, de alguna forma, todo funcione correctamente?
¿De verdad? ¿De verdad es posible usar un corazón para amar?

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