Últimamente tengo el blog más desatendido porque estoy escribiendo un nuevo proyecto y me estoy guardando muchas de las cosas que escribo para darle forma y que algún día se convierta en espectáculo.

No obstante, voy a compartir un fragmento con vosotros. A ver qué opináis.

 

“El dramaturgo cierra los ojos e intenta sumergirse en un sueño que le lleve junto a Prometeo. Piensa conscientemente en las estrellas y las constelaciones, en la antigua Grecia, el vino con resina, la arena que mancha los pies de un color blanquecino, en monstruos mitológicos… Le pasan por la cabeza, un montón de cuadros donde los titanes y los dioses hacen cosas de dioses y de titanes. Piensa inconscientemente.

Hay un busto de Esquilo tomando un whisky on the rocks en una especie de terraza delante de un trozo de columna y un muro en ruinas. El busto tiene brazos de mármol, pero a pesar de ser de mármol, se puede mover perfectamente, lo que le confiere un aire entre grotesco y cómico. El busto no sonríe y el dramaturgo piensa inconscientemente que a Esquilo le han esculpido siempre como un tío muy serio porque escribía tragedias, pero que a lo mejor era un cachondo mental. A Esquilo le cae una tortuga en la cabeza y el dramaturgo recuerda que ha leído algo sobre que murió en esas extrañas circunstancias. Pero Esquilo no se muere. Se queja mirando hacia arriba, se rasca el coscorrón y luego hace una señal al dramaturgo para que se acerque y se siente con él a tomar whisky on the rocks.

– ¿Has leído mi Prometeo?- dice Esquilo, -¿De qué crees que va?

– Al principio pensé que era un drama político. Ya sabes. Pensé que iba de la injusticia. De cómo un hombre bueno es castigado por los poderosos debido a un acto de amor hacia los hombres.

– Ya, lo de siempre. ¿Y…?

– Bueno, pensé que eras un revolucionario, que querías concienciar a la gente sobre la tiranía y alabar el poder del pueblo y la democracia. Siempre he admirado tu obra. Pensé que en Prometeo hablabas de todos esos hombres que son capaces de llevar a cabo actos contra el poder por el bien común.

– Pero Prometeo no es un hombre, es un titán.

– Ya. Además, el pueblo, los hombres, no hacen nada para liberarlo. Ni siquiera sale un hombre en toda la obra. Todo son dioses. Hefesto, la Fuerza, las Oceánidas, Océano, Hermes… incluso Heracles, que no sale, es el que realmente lo salva.

– Entonces ¿no va de la injusticia?

– No. Creo que va del fracaso.

– ¿Del fracaso? ¿En serio? – Esquilo se ríe con una risa marmórea.

– Sí. Prometeo es un tío que fracasa. Representa todos los fracasos del ser humano. El intento constante de hacer cosas buenas por los demás que no tienen ninguna recompensa, sino que además lo que se obtiene es un castigo. Si se hubiera conformado con ser un titán mediocre, que no interviniera en absoluto en el destino de los hombres le habría ido mejor.

– Como a su hermano Epimeteo.

– Eso es. Epimeteo es el típico mediocre al que le encargan algo y lo hace a medias. Le encargan que reparta virtudes entre todas las criaturas mortales y hace a los animales de puta madre, pero cuando llega al hombre, ya no le queda nada bueno que darle. Ni garras, ni pelo para abrigarse en invierno, ni velocidad, ni fuerza. Y luego tiene que venir su hermano a solucionar la cagada. Roba el fuego divino de las artes y la inteligencia y se lo da a los hombres para que al menos tengan algo con que sobrevivir. Y encima es el que se lleva la ostia.

– Si ves caer otra tortuga del cielo, me avisas.

– Pero lo jodido de lo que has escrito es que nadie se lo agradece. Le dicen de todo en plan colega lastimero: Jo, tío, qué mal ¿no? Qué putada, Prome. Lo siento, colega. Si por mí fuera, no te clavaría en la roca, pero soy un mandao. O le dicen cosas en plan padre: ¿Lo ves, para qué te metes? Si es que se veía venir. No seas un orgulloso de mierda, pide perdón y dile a Zeus lo que quiere oír. Nadie le anima a seguir. Nadie le aplaude. Nadie sigue su ejemplo. Nadie hace una manifestación exigiendo su liberación inmediata. Nadie derroca un gobierno. Nadie se encadena con él a una roca para protestar. Es el puto fracaso constante de los hombres buenos. Como si supieras lo que iba a hacer la humanidad, lo que no íbamos a hacer con las virtudes que Prometeo nos había regalado.

– Qué trágico ¿no?

– Ahora me he metido en una nave espacial y voy camino de Saturno. A ver si encuentro a Prometeo. Está ahí, ¿sabes? Dando vueltas en su roca alrededor de un planeta que está a 1200 millones de kilómetros de los seres humanos. Olvidado por todos nosotros. Y mi obra tampoco le va a importar a nadie. Aunque me deje el hígado cada día y me crezca cada noche con los aplausos de los pocos que vengan a verla.

– ¿Y para qué escribes? Podrías conformarte con ser un mediocre. Te iría mejor.

Una lluvia de tortugas cae como el granizo sobre las ruinas y las columnas y la mesa y los whiskys y la cabeza de Esquilo. Y el dramturgo piensa inconscientemente que la nave debe haber llegado al cinturón de asteroides que separa los planetas terrestres de los planetas gaseosos.

El busto de Esquilo es de plastilina y se deforma con los impactos mientras intenta seguir bebiendo. El dramaturgo se despierta con el último impacto y se levanta para hacer pis y escribir algo en su portátil.”

prometeo01