La lista de tareas que me hago cada día
debería ser distinta el último día de mi vida.
No debería dormir,
ni comprar alimentos perecederos,
ni encontrarme con nadie
que no sea significativamente único,
ni decir nada que no valiera la pena ser dicho,
ni privarme de nada que me hubiera proporcionado placer
al menos un momento de mi vida.
No debería hacer balances,
ni estadísticas,
ni facturas,
ni cambios drásticos,
ni planes de futuro.
No debería fracasar en nada,
ni guardarme nada,
ni prometer nada.
No debería olvidarme de pensar en ti,
ni de estar en un teatro frente a alguien,
ni de mirar un cuadro.
No debería ir deprisa a ningún sitio.
No debería evitar el espejo.
No debería preocuparme ni un segundo por el tiempo.
No debería…
No debería… No debería…
Debería ser un día distinto a todos…
… a todos estos días.

marco