Dedicada a alguien que me ha escrito esta noche. ella también escribe con una fuerza maravillosa. Ojalá tuviera un blog para recomendarlo…

Como buen caballero, comparto aquí lo que he escrito al mismo tiempo que ella. De nuevo pertenecerá a mi búsqueda de Prometeo, algún día…

 

ATRÁS

Si miro atrás cambia el mapa de las estrellas que veo.
Tengo un nuevo paisaje.
Nada es como antes. Nada se parece a lo que había visto tantas veces tumbado sobre la hierba de la superficie terrestre.
El Sol me parece la estrella más brillante que jamás había visto.
Es por fin, inequívocamente, una estrella.
Una luz de belleza infinita más cerca que ninguna.
Es extraño, porque ahora estoy más lejos y cobra un valor que no tenía.
Y en las noches de Saturno,
allí, en medio de una inmensidad de luces lejanas,
como en una noche de verano rara e increíble,
veo un punto azul brillante que no titila,
Una nueva errante que antes jamás había visto.
Imperturbable en su cadencia y brillo.
Es La Tierra.
Mi nuevo lucero del alba recién estrenado.
Ninguna imagen me conectará nunca con mayor fuerza a mi planeta.
Mi planeta.
¿Cuántos hombres pueden decir realmente mi planeta y no llorar?
¿Cuántos pueden decirlo con la seguridad con la que yo lo digo ahora?
Mi planeta.
Cierra los ojos.
Cierra los ojos un segundo y escucha, en la muda inmensidad del universo el segundo movimiento del concierto para piano y orquesta en fa sostenido mayor de Scriabin.
No sé por qué lo escribió, ni para quién, ni en qué pensaba, ni quiero buscarlo en internet.
Sólo quiero ver La Tierra como un puntito azul brillante desde aquí mientras lo escucho.
Y cerrar así el sentido cósmico que tiene pertenecer a ese planeta y a la raza humana.
Y reconciliarme, o no, con lo que somos y con lo que he dejado atrás al empezar este viaje.
He dejado atrás un mar de posibilidades.
No he dejado un alguien, un dónde, un cuándo…
He dejado un cuaderno en blanco agitado por el viento terrestre.
Un viento que aquí, en el espacio, tampoco existe.
He dejado a una especie engañada que quiere intentarlo
con todas sus fuerzas y no lo consigue.
He dejado a una especie lo suficientemente inteligente
como para decir no puedo más,
como para tocar en el piano la música de Scriabin,
como para pintar al óleo todos los cuadros del mundo,
como para leer una mirada y un beso y un abrazo y un orgasmo,
como para atribuir significados a los gestos.
He dejado siglos de intentos sobre el punto más azul y más brillante del firmamento.
He dejado atrás a mis hermanos, porque hemos follado y follado entre nosotros lo suficiente como para ser una especie de hermanos. Y digo especie en el sentido biológico de la palabra.
Y el paisaje es todo distinto.
La tierra, desde aquí, no es lo que era,
ese inhóspito paraje de enemigos dormidos está poblado de seres como yo, y digo seres como yo en el sentido de igualdad metafísica.
Seres como yo.
Como si yo pudiera verme en cada uno de los seres humanos del planeta azul y brillante que contemplo.
Exactamente con los mismos miedos e incapacidades.
Con las mismas preguntas, las mismas sombras, las mismas cárceles, los mismos dedos.
Sabía que la diferencia entre tú y yo es una cuestión de perspectiva, pero ahora, desde tan lejos, no lo sé: lo siento.
Siento profundamente la emoción de ser humano.
¿Será que estoy viendo a Prometeo?
¿Es este su legado? ¿Su fuego sagrado?
¿Hay que ser un dios para ver con perspectiva?
Me río de los que juegan a ser dioses en la tierra, porque nunca han estado en el espacio.
Porque sólo conocen las reglas y las leyes pequeñas y aún distinguen a unos seres humanos de otros
por su sexo
por su nacionalidad
por su estado de ánimo
por su poder adquisitivo
por su popularidad en las redes sociales.
Toda la raza humana tendría que hacer este viaje.
Para ver La Tierra desde lejos.
Mi planeta.
Nuestro planeta.
Se caerían todas las balas al suelo de repente,
desinventaríamos la palaba amenaza,
comprenderíamos perfectamente al otro
desarrollaríamos la empatía como especie hasta que ocupara la mayor parte de nuestro cerebro de sapiens.
Estoy borracho de universo y todo está distorsionado,
pero miro atrás y hay un punto azul y brillante
inamovible
que por primera vez en mucho tiempo
no quiero que explote en mil pedazos
dejándome a oscuras.

earth