– A es una chica muy sociable a la que le gusta invitar a sus amigos a casa y compartir un buen vino y conversaciones elevadas. A puede citar de memoria, durante esas conversaciones a Nietzsche, a Shakespeare o a Baudelaire. Puede decir, por ejemplo “tengo aún más recuerdos que en mil años de vida” y algunos de sus amigos pueden continuar la cita o contraatacar con otra distinta que adorne el tema del que se habla. B, en ocasiones, se presta a ese juego, y ambos se ríen inmediatamente de lo pedantes que pueden llegar a resultar.
-B es el mejor amigo de A. Se conocen desde hace años y hoy ha acudido a una fiesta en casa de A. Mientras alguien habla de la sensación del paso del tiempo en las obras de Dostoievski, B está mirando a A, sopesando todas las cosas que han compartido a lo largo de los años. B tiene la impresión de que han sido amigos desde siempre y definiría su relación con A como la más pura y transparente de todas las relaciones que un ser humano puede tener con otro.
-Ni siquiera Proust, del que ahora se habla en relación con el tiempo, puede evitar que B tenga que ir al baño a evacuar el resultado de varias horas de fiesta. A B, de vez en cuando le gusta mear sentado, lo cual, en este caso, le proporciona un panorama completo del cuarto de baño de A. Sentado, mientras mea, descubre que A tiene exactamente el mismo cesto para la ropa sucia que él ha adquirido en esa tienda de muebles para jóvenes que desmitifica radicalmente la modernidad de nuestros días.
-El cesto está lleno de ropa sucia de A: Un juego de sábanas de colores vivos, algunas camisetas de tirantes, calcetines, un pantalón (al menos) y ropa interior. Bragas. Las bragas de A. Las bragas de A que B nunca antes había visto.
-B, con los pantalones y los calzoncillos a la altura de los tobillos, siente una pequeña erección involuntaria. Sin poder evitarlo, alarga la mano hasta el cesto y toca las bragas sucias de A. Un latigazo en su pene semierecto. B coge las bragas de A y acaricia la tela. Las telas. Todas las distintas partes de tela de la prenda. Las huele y no puede explicarse a sí mismo que esté haciendo algo así. Desde el salón le llega la reverberación de la risa de A y siente, en ese instante, que todo ha cambiado.
-De pronto, todas las relaciones que ha tenido A con otros hombres en el pasado tienen un impacto sorprendente. B quiere saber. Quiere saber por qué hay sábanas sucias en el cesto de A. Quieres saber los detalles que han llevado a todas las bragas que ha usado A a lo largo de su vida a terminar en un cesto de ropa sucia. Quiere saber toda la suciedad que encierra A. Cómo lo hace. Cómo grita, si grita cuando lo hace. Cómo es su técnica de felación.
-Alguien llama a B desde el salón con una pregunta que tiene que ver con Heráclito. B deja precipitadamente las bragas de A en el cesto y aprieta el pulsador de la cisterna para que el devenir del río se lleve su meado y sus pensamientos. Sale del cuarto de baño y se une a una conversación que ahora habla de grandes nombres del jazz de los que B no ha oído ni un solo disco. Sentado de nuevo en el salón de casa de A, rodeado de gente que es capaz de citar a Maupassant y relacionarlo con la música de Chet Baker, B solo puede prestar atención a A, intentando adivinar lo que se esconde debajo de los pantalones que lleva puestos, lo que se esconde debajo de las bragas que lleva puestas. Casi puede oler en A el olor que acaba de abandonar en el cuarto de baño. B quisiera desesperadamente inventarse alguna excusa para poder volver al cuarto de baño a coger las bragas de A y metérselas en un bolsillo y marcharse a casa para, tranquilamente, después de haberse sentado en su wáter y haberse cagado en Nietzsche, Shakespeare, Baudelaire, Dostoievski, Proust, Heráclito, Maupassant y Chet Baker, sacarlas, olerlas y dejar que la erección que le venga llegue a su punto álgido. Y pueda masturbarse oliéndolas, o ponérselas, o guardar las bragas sucias de A como un tesoro, sabiendo que desde ese preciso momento habrá arruinado su amistad para siempre. O al menos, la imagen literaria que tenía de ella.
Pregunta:
A la luz de los acontecimientos expuestos en este relato ¿Cuál es el posible final de la fiesta en casa de A?
1) B lleva a cabo sus planes aprovechando el momento final de la fiesta para colarse en el cuarto de baño de A, esconder las bragas de A en el bolsillo de su abrigo, despedirse de A con dos besos en los que enfatiza su inocencia, e irse a su casa, convirtiendo las bragas de A en un objeto fetiche que aún conserva sin lavar y al que recurre habitualmente para sus prácticas masturbadoras.
2) B espera a que todos los invitados hayan decidido irse y aprovecha la ocasión de quedarse a solas con A confesándole abiertamente que ya no puede pensar en ella como amiga nunca más y que lo único que desea después de soportar a todos esos hijos de puta pedantes es arrancarle la ropa y follársela en el mismo salón donde hace un momento han tenido todas esas conversaciones elevadas.
3) B abandona por completo la idea descabellada de robar las bragas de A, se despide con dos besos en los que enfatiza un deseo de reconciliación personal con su amiga y vuelve a casa frustrado sexualmente, pero feliz de conservar algo tan preciado como la amistad que tiene con A, a pesar de que sus fantasías a la hora de masturbarse hagan referencia, a partir de esa fiesta, a las bragas de A y a pesar de que cada vez que vaya casa de A, inevitablemente, va a buscar en el cesto de la ropa sucia de A nuevas prendas íntimas que le van a situar en cada una de esas próximas ocasiones en el mismo dilema que plantea este relato.