¿Por qué no me eliges a mí,

ovni, Virgen, Dios,

supermodelo, historia, Diablo,

ninfa, amiga…?

¿Por qué?

¿Por qué no me eliges a mí?

¿Es porque soy

demasiado tonto, demasiado listo, demasiado solitario,

demasiado humano, demasiado normal, demasiado peculiar,

demasiado yo?

¿Por qué?

¿Por qué no me eliges

y me llevas a otra transcendencia

donde sea posible lo imposible,

el conocimiento, el principio, la fe,

el orgasmo, el futuro, el pecado,

el mito, el amor…?

¿Por qué no inventas otra conciencia

y en cambio me abandonas con ésta

de supermercado, lenta, vacía,

hipercomunicada, larvaria, incomprensible?

Si este es el sentido de la vida:

la búsqueda, el suicidio, la angustia,

el silencio, la epifanía…

y después, 

implacable, inevitable,

la nada, la culpa, el fracaso,

la muerte igual a la muerte;

entonces,

¿cuál es la diferencia?

¿Para qué este cerebro, este sexo, esta espera,

esta pertinaz permanencia en la respiración?