“Tuve una educación religiosa.
Creí en un Dios que impregnaba todas las cosas, y me hacía partícipe de un orden.
Perdí la fe, pero no la espiritualidad.
Creí en muchos pequeños dioses y almas y seres que urdían en la sombra el destino de los hombres.
Perdí la estupidez, pero no la trascendencia.
Ahora creo en esa magia del cerebro humano
que lo hace todo posible cuando somos niños
y alimenta el mundo simbólico del ser humano adulto
guiando la realidad a través de la historia.”

Esta reflexión, como muchas otras, nace de una conversación alrededor de una mesa, con mis padres y mis hermanos. Hablábamos, entre otras cosas de Joseph Campbell y su capacidad de recuperar la mitología aún en este presente convulso en el que parece que todo lo antiguo se ha olvidado, se ha perdido, se ha explicado.

Yo pensaba en mí y en mi historia, mi paso por el hombre religioso, el hombre espiritual  y el hombre trascendente. Son conceptos a los que he puesto este nombre y que para mí resultan diferentes. No únicamente en su sentido interior, sino en las acciones que desencadenan.

El hombre religioso cree en una divinidad. Un dios que le guía a través de la vida humana y le propone una vida futura después de la muerte. Es un hombre que HACE porque tiene un código de conducta impuesto o aceptado por su creencia en ese ser divino.

El hombre espiritual ha entendido que es difícil explicar el mundo desde un orden establecido por una divinidad. Abraza los avances científicos y la racionalidad en tanto en cuanto pueden responder a sus preguntas y se permite la creencia en pseudociencias, en el alma, en lo sobrenatural como algo posible a lo que la propia ciencia aún no ha llegado. HACE porque forma parte de este mundo, sin guía alguna, y no tiene más remedio que seguir el camino que le marca la información que posee.

El hombre trascendente es un hombre conectado con su esencia de hombre. Entiende el mundo desde su complejidad histórica y acepta la religiosidad de unos y la espiritualidad de otros. Vive en la realidad abrazando tanto su explicación científica como el simbolismo mitológico de sus acciones. HACE porque sus acciones le conectan con el ser humano de cada época sin dogmatizar las creencias de tiempos pasados o presentes. Vive en la inquietante y furiosa frontera de la imaginación de los niños y la racionalidad de los adultos.

Son sólo pensamientos….