Nuevo experimento poético. Una historia que iré desgranando por capítulos. Este es el primero. Las ilustraciones también son un experimento dentro de una serie de collages titulados “Los viajes de Flash por el arte”

 

LOS PASOS PERDIDOS

I

Una montaña de ceniza se bambolea
sobre los empeines de mis zapatos de viernes.

Hay risas en las alcantarillas
y bisbiseos ingratos
y carceleros de lo indómito.

Ni siquiera el destino es para mí.

Aterrizo
por ejemplo
en un templo de espuma amarilla
filtrada e incandescente
sonora hasta el hastío
se vierte por mi garganta
dejando a la vista
los agujeros de mi adolescencia amputada.

Me hablan las barricas.
Me engañan con sus cuentos arqueados.

Soy un cadáver repleto de armonías
en una plaza con cadalso.

Conozco tantos versos de otros
que me abruman
hasta el punto
de llenar un vaso con los míos
hasta el borde
y apurarlo de golpe
quemándome el gaznate
sin compartirlo con nadie.

Al fin y al cabo todos son extraños
y no tendrían suficientes hígados
para procesarlos.

Los gritos de espanto estallan
contra las paredes y el techo
en fuegos de artificio artificiales.
Artioficio milenario renovado este milenio.

Las cuchillas acarician las yemas de mis dedos.
El aire azul envejece en mis pulmones.

El coro comienza a salmodiar una alabanza
que me excluye sin saberlo.
Sólo yo lo sé.
Sólo el suelo
ahora ceniciento
por mi culpa
lo intuye y suspira.

Podría durar otro milenio este momento
aunque un olor a pólvora se acerca desde el futuro.

Se caen las puertas del minuto
empujadas por el último copo de ceniza.

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