LOS PASOS PERDIDOS

II

Encuentro un duende en el fondo de mi vaso
tras haber envenenado a mis neuronas.
Hace ecos y dibuja
en las paredes de la cueva de cristal.

Es un chamán alquitranado
armadura negra
trampas para lobos
rosas cortadas en su pelo.

La pintura licor de sangre
cubre
la geografía extensa de sus manos.

Dibuja un rostro conocido
una vagina húmeda y turgente
que suspira inviernos de hormigas ahogadas
en una fuente de líquido que no se acaba.
Dibuja juguetes de madera
juguetes de sal que se abrazan
en una imperturbable soledad tranquila.
Dibuja anillos rotos
bajo los cascos de miles de caballos que pasan
con la boca llena de babas
y los belfos henchidos de sílabas furiosas.
Dibuja los finales de cada una de las cosas
atravesados por sables afilados con seda de gusano.

Le brotan los dibujos
como me brotan los versos desde el estómago
con violentas arcadas.

Es un ser rápido e insoportable.
Sólo tengo que estrangularlo
borrando la permanencia de su frente.

Y que empiece de nuevo
escheriano y cósmico
a bosquejar otros laberintos.

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