Esta es ya la cuarta entrada que escribo bajo el título Los pasos perdidos. Si no has leído las anteriores, te propongo que las leas en orden. A primera impresión podrían parecer poemas sueltos, pero forman parte de una historia. Una historia que nace cuando uno deja que sus pasos se pierdan y ellos te llevan a momentos inolvidables de tu vida.

Sólo puedo añadir, para animarte a hacerlo, lo mismo que me dicen mis pasos cuando quieren perderse: lo mejor aún está por llegar.

 

LOS PASOS PERDIDOS

IV

Soliloquio a duras penas
a blandas penas de calzoncillos exánimes:

Tengo sed de toda la humedad femenina

sangre
sudor
saliva
hilo salado de locura
lágrima
pis amoniacado
dulzura y rareza
libido y limbo

escuadras enigmas estrategias
esgrimas esperas esperanzas
ecuaciones esquemas enseñanzas
exabruptos
escuálidas esclavas exaltadas en éxtasis
espaldas
estiradas eses exacerbadas
esencias estercoladas
esquinas espiadas
eméticas hespérides helénicas
elenas encontradas
estúpidas enfermas embriagadas
esferas electrónicas enanas
evangélicas evas endiabladas
empoderadas hembras expatriadas.

Tengo sed de agua salada.
Lo confieso.

La luna se ha hecho a sí misma muchas veces
desde el solsticio pasado de sus nalgas.

Tengo el brillo recién forjado del ocaso
entre mis dedos
y no tengo nada
salvo el sonido de la hoja
escrita a doble cara
que añora en cada signo de puntuación
un ataque al corazón
del dragón que lo quema todo.

Millares de poetas agonizan
en el sótano de mi indulgencia
¡callaos he dicho! ¡malditos!
Os seguiré torturando si soltáis un solo verso.

De todos los relojes
sólo me importa uno
y volaron sus agujas
a coser otros destiempos.

Otro hielo.

Otro iceberg mudo del desconsuelo.

La juventud llama a otras puertas
porque el oso calculó mal el invierno.

No hay vuelta atrás
¡qué hipérbole maldita!

Brillan sobre las cumbres
las hijas de otros
luciendo hélices tan íntimas
que la arena rellena el viento
como si fuera un pavo
engordado para la fiesta.

Busco cobijo bajo una costra
molusco desertor orgánico
mientras siguen bailando
los tullidos derviches entre los restos del templo.

 

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