Qué tristeza ¿verdad? Qué absurdo todo. Sí. Tenéis todos razón. Toda la razón. La culpa no es de los pobres ciudadanos, sino de los políticos ineptos. Nadie les cree ya. Las calles, si por nosotros fuera, estarían vacías y tranquilas. Nadie colgaría banderas en sus balcones, solo en los mundiales de fútbol o en la champions. Eso es así. No habría problema, ni problemas, ni problemas sociales. Cada uno a sus asuntos. Defendiendo lo suyo. Nadie. Nadie protesta, nadie hace revoluciones. Nadie dice sí o no, solo se dice tengo derecho. Esos politicuchos tienen la culpa. Todos, oye, por rojos o fachas, o rojifachas mezclados y agitados. Son unos malditos ineptos que nadie sabe cómo han llegado a representarnos. Bueno, sí. Sí se sabe. Porque otros (no nosotros) les dieron un puñado de votos y una injusta ley electoral les otorgó el número de escaños suficientes para conchabarse y aprobar injustas leyes con tufillo autoritario que les permitan perpetuarse para siempre e imponer legalmente sus ideas a la ciudadanía. Nosotros, el pueblo, no tenemos nada que ver, nunca, en todo eso. Nosotros solo vemos la tele o nos enganchamos a una serie o a un suero salino. Nosotros no tenemos ideas. Solo derechos. Algo nos contaron en el colegio, pero era aburrido y no escuchábamos, y en el cole de al lado se contaba otra cosa. Así que qué ideas vamos a tener. Nos quedamos con esta, o con esta, o con esta. Las dice gente que sale en la tele. Gente que hace mucho ruido. Indigna a otros. Debe ser una buena idea, y si no lo es, da igual, ya nos cambiaremos a otra mañana. Total, para qué sirve una idea, en definitiva. No hace falta tener ideas porque tenemos derecho y eso es suficiente. Tenemos derecho. A todo. Qué mal. Qué tristeza todo. Nada tiene que ver conmigo, con lo que digo y lo que hago. Y conste que yo no, pero es que claro, pero yo no, o sí pero menos claro. Sólo me impresiona la sangre. No toda. Sobre todo la mía, cuando me hago análisis. Y alguna sangre cercana. No toda. Hasta que pase otra cosa. Me voy a manifestar con alguien. Y darme abrazos que lo resuelvan todo en mi conciencia, que es mi país ahora. El que defiendo. Y yo, su representante. Así lo cambiaremos todo. Con el corazón, pasionalmente, según lo que lea en las redes o me cuenten en las noticias. Tengo mi criterio porque estoy informado. Sobreinformado. Hoy esto y mañana lo otro. Lo cambiaremos todo. Porque hay que cambiarlo todo. Porque yo no he elegido a ninguno de ellos, políticos de la clase política, ni nada de esto, y por eso está todo muy mal y no es culpa nuestra. Históricamente no es culpa nuestra. …

Ustedes perdonen, pero después de leer a Bauman, Benjamin y Lipovetsky, todo me suena demoledoramente postmodernista.