DESEOS

Quisiera que las mantas pudieran pesar dos veces menos
cayendo suaves sobre mi cuerpo
como notas de piano en la noche noctámbula alunecida.
Atardeceres eternos de naranja durazno,
pieles inmarcesibles secretos de caverna.
Limpiar el sol con un velo de novia, con un trapo de vela,
con ansias de calavera exhumada
después de navegar océanos de tierra
donde los peces hablaran de la profundidad de la vida
ufanos de libros en las agallas y gafas en las aletas,
volatineros plateados suspendidos sobre la cuerda
del último ahorcado injustamente,
traidores, gritando los nombres de sus camaradas nereidas.
Un cielo, un Olimpo desahuciado
abierto como una flor de algodón todo trizas,
resonando las delgadas gaitas de mi pecho
mientras su ronco contratiempo
sorbe los susurros de las viudas
y las jovencitas sonrojadas se bambolean
dejándose robar las cintas del pelo de las fiestas.
Quisiera visitar edades moleculares picoteando los hibiscos
donde los arrepentidos osos otoñales
dibujen corazones con las uñas
surcando la corteza del roble,
corteza humana ensangrentada para el postre.
Quisiera hacer cola en las cafeterías donde acudan
paraguas que lancen señales de lluvia a los extraños,
lejanas almas que pidan un rescate por mi alma lejana
desconocidos tahúres con los que jugarse
la posibilidad de la nada.
Quisiera un bosque de labios arrancados
para libar el letargo de este aire cargado de plomo,
plomiza gravedad sin caridad ni afecto
cementerio de la semilla de todos los amores
universo enrocado en el mañana.
Quisiera trepar a todos los pedestales
para que aniden los vencejos que sonríen a las estatuas
en esta herida de arma blanda que no se cesa
de analizar la ternura de los adoquines blancos
y las cartas sin terminar de cada escritorio.
Quisiera dejar de parecer
un suicida meteorológico partido en parte
por astros desafinados de energía,
tener párpados que atrincheren la nostalgia
en lágrimas de plata líquida que manchen la quilla
de mi pupila que se marcha,
parapetarme en abanicos transparentes,
árbitros alados que diriman el vuelo de mis versos
sobrevolando el museo de los fracasos de mi vida.

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