Bueno amigos,

ha llegado un gran momento: el miércoles que viene, 4 de abril de 2018, presento mi primer poemario “Los pasos perdidos“. La cita es en Sala Tarambana en Madrid (Calle Dolores Armengot, 31) a las 20:30h. He convencido a muchos grandes amigos e improvisadores para hacer un pequeño espectáculo alrededor de mis versos.

Gracias para empezar a la editorial Ringo Rango que lo ha hecho posible.

Los que me habéis leído aquí de tanto en cuanto, imaginaréis que alguna de las cosas que he colgado estará en el libro, así como unas cuantas ilustraciones de Los viajes de Flash por el Arte que se gestaron al mismo tiempo que escribía los poemas que terminaron en forma de libro.

Los Pasos perdidos no es un conjunto de poemas colocados de una cierta forma. Es una historia que comienza en la primera página y va hasta el final. Ojalá el libro no tuviese un final, porque es una historia de amor.

Los que estáis muy lejos, podéis contactarme para adquirirlo o comprarlo aquí. Los que estáis cerquita, os espero en Tarambana el miércoles que viene.

Os dejo el prólogo del libro aquí abajo…

 

 

¿Cuántos versos se pueden escribir en memoria de un encuentro? ¿Dónde termina el recuerdo y comienza la obsesión? Una noche cualquiera se convierte azarosamente en una noche única… la única noche que merece ser contada y recontada. Y después, el silencio, la soledad, el vacío, los sueños.

Casi siempre a una cosa le sigue su contraria. Un valle sigue a una montaña a la que sigue un valle. Un triunfo sigue a un fracaso al que le sigue un triunfo. La compañía aparece después de la soledad y, después de aquella, esta vuelve y se instala… ¿para siempre?

Hay encuentros que te infringen una mella en el corazón que difícilmente se esconde.

Una noche salgo a caminar, sin tener un destino, solo. Entro en un bar conocido con la esperanza de encontrar algún amigo. La sensación de desconexión con el resto de los habitantes de ese sitio no se mitiga. De pronto apareces tú. No te conozco. Nos enamoramos. La noche es dulce y nuestra. Y los días que siguen son un regalo del tiempo. Después, te marchas. Cruzas un océano para volver a tu casa en la última milla de la Tierra, en un paraíso helado. Aquí me quedo, aquí me dejas.

No hay posibilidad de que sobrevivan aquellos días salvo en forma de versos enigmáticos. En ellos vives tú y viven los grandes poetas que he leído. Sus estilos me han llevado de un pensamiento a otro. Mil formas de hablar contigo. Trazos con los que pintar una parte de ti que se quedó conmigo.

Hay imágenes que solo entenderemos tú y yo, y otras que solo yo entiendo. Qué me importa ¿acaso me lees? Sé que estoy haciendo añicos mi presente y mi futuro por dejarte escrita para nada. Vives en otro continente. Una isla gigante separada de la mía.

¿Cuántas botellas con mensaje se pueden lanzar al mar sin que naufraguen y se pierdan? ¿Cuántos fragmentos llegarán hasta tu río?

Hay un antes, un ahora y un después de ese encuentro en esta historia. Y un epílogo de sueños que continúan aunque yo no quisiera… pero quiero que sigas visitando mi cama, aunque sea incorpórea y molesta tu presencia.

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