EL ALQUIMISTA IMPACIENTE

Cualquiera cualquiera sabe
que no hay interrogantes en el envés de los párpados
ni balas lanzadas con la simple intención de herir
ni alas que no simulen las tapas abiertas de los ataúdes
ni vida que dure más que una vida
ni un solo árbol que no hunda sus raíces
en el grotesco estercolero de un pasado.

Cada noche el alquimista impaciente
con rostro de hombre y voz de hombre y manos
manos de hombre especie sin género
teje destila cava en la concavidad del cielo
sus propias cúpulas de carne de madera
imbricadas en capilares de fuego
insistiendo en las estrellas imposibles
con la pesada carga de los arcángeles a sus espaldas
y la esperanza matemática de las ecuaciones.

Busca hambriento de luna
lunar carestía lunada
en el agravio de los mapas huérfanos de huellas
navegando un desierto de arterias de plástico
y seres aún sin nombre y lentes aún opacas
y besos aún labiados y cuerpos aún vestidos
busca en el ojo agujereado del eclipse
la alegría de los primeros soles
la arena oxidada de las rendijas del pubis
los ecos que viajan de montaña en montaña
busca el detalle íntimo que constate
que hubo algo más que un cráter
impacto profundo y nítido en su lengua alfombrada de ceniza.

Cada noche como cualquiera cualquiera
se duerme como se duerme todo en el invierno
deseando alcanzar el horizonte
en la redondez de unos brazos unos senos
lineares confines de la palabra
parábola del planeta que observa
dorados en la majestuosa paz de lo impredecible
sumergido ya el alquimista hasta el cuello
en el plomo luminoso y especular de los sueños
seda y alimañas alimañanas tristes
huidas de trampas rutinarias y velos velas de ternura.

Se va se van cada noche cualquiera cualquiera
se marcha se marchan como se marcha se marchan
la esperanza las esperanzas ridículas
sin retorno acordado ni olor en las paredes.

Se dejan se dejan cada noche
todos los seres del planeta se dejan unos a otros
en el filo aún despiertos reparten hastamañanas
en el filo ya dormidos reparten hastanuncas.